jueves, 24 de mayo de 2012

Entre domingos

Juro que ayer me había afeitado. No sé por qué esta barba está tan larga. Tampoco sé cuándo surgieron estas canas, ¿se notan mucho?
Sé que todavía no recuperamos la plata gastada en el nuevo embaldosado, pero mirá, ya hay que cambiarlo de nuevo. Está todo rajado, lleno de plantas, viejo.
¿No habías hecho pulir el marco de bronce de tu mamá? ¿Con qué lo pulen que ya se oxidó más que la bicicleta de Juli?
El jacaradá de la vereda. La última vez que lo vi estaba sacando sus primeras flores, era apenas más alto que yo. Hoy a la mañana descubrí que no dejaba entrar el sol al dormitorio de la planta alta. Va a haber que podarlo.
¿Otro colchón nuevo? ¿Los hacen de tan mala calidad, o es que estamos muy gordos?
No sé... No tengo idea.
¿Cómo se llamaba ese momento que hay entre domingo y domingo? Si tan sólo tuviera tiempo de acordarme algunas cosas. Pero todo es hacer algo, los domingos distraerse y mirar películas, y tratar dormir un poco.

Cosas que a veces odio, a veces amo

El clima.
Internet.
Las uñas largas.
El Sarmiento.
Dibujar en la madrugada.
La rapidez con la que crece el pelo.
Determinadas canciones.
Determinadas bandas.
La gente de este mundo.
Anteojos sucios.
Capital Federal.
Dubi da dapá, dapún, dabúm.
Lastimarme la piel de las manos.
Pájaros.
No saber qué escribir y hacer una lista.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Goodbye my dears

Desde "en un agujero en el suelo, vivía un hobbit" hasta "Sam respiró profundamente. -Bueno, estoy de vuelta -dijo".
Desde "el señor y la señora Dursley, del número cuatro de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran perfectamente normales y muy agradecidos por ello" hasta "la cicatriz llevaba diecinueve años sin dolerle. No había nada de que preocuparse".
Desde "no hay nada qué decir, es sólo un chico con el que trabajo" hasta "-¿vamos a tomar un café? -¡Seguro!... ¿Dónde?"
Ahora, desde "¿ves eso? Asumen que soy un paciente por el bastón" hasta "el cáncer es aburrido".
La que me queda es una que empieza con "no era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente" y que todavía no sé cómo termina.
Como sea, nunca, nunca hay que menospreciar la fuerza que tienen las buenas sagas para meterse en nuestras vidas.

lunes, 21 de mayo de 2012

Ciclociclociclocolci

Llullai se cargó su bebé en la espalda y tiró hacia abajo de su gorro para protegerse del áspero frío al que se iba enfrentar afuera. Y mientras abría la puerta pensó en que Llullai, la abuela de su abuela, alguna vez había hecho exactamente lo mismo: cargar con su bebé en la espalda y tirar de su gorro de lana hacia abajo. Y que Llullai, la bisnieta de su hijito, algún día haría lo mismo. En el mismo valle, en la misma casa, en la misma época del año, con el mismo clima.
Y se acordó que dentro de pocos años Llaco, el bebé que dormía colgado de su espalda, se cortaría el dedo, igual a como le había pasado al papá de su abuelo. Y que algún día, cuando Llaco fuera grande, le contaría esta historia a sus hijos para que el nieto de su nieto, Llaco, no sufriera tanto cuando se cortara su dedito...
Llullai cerró la puerta de su casa y se encaminó hacia el mercado. Caminaba encorvada por el frío áspero del viento y encorvada por el peso de tantos años que nunca se alejaban de ese valle.

Mientras tanto...

...en un universo paralelo:

-Jóse, tengo que decirte algo que hace un tiempo me está matando. Perdón si soy brusco, pero es la verdad: te amo. Sé que somos amigos desde hace cuánto, ¿seis años ya? Pero no aguanto más, este último tiempo te volviste la persona más linda, inteligente, graciosa y la persona más importante que existe en mi mundo. Y y...
-Shh. No digas más. Lo que agregues sólo me va a confundir y alejar más de lo que querés... ¡Rápido, Gus, dame un beso y evitá que siga pensando boludeces!

-¡Ey! Hola, Marisol, ¿cómo estás? Ah, tomá, este es tu trabajo de Geografía corregido, le agregué un par de gráficos de torta para que... bueno, quedó lindo. Un 9 como mínimo... Che escuchá, ¿tenés un segundo? Sólo un segundo, nada más... Ok, gracias. Mirá, sé que sólo soy el chico traga que te corrige los trabajos prácticos y que vos tenés pretendientes hasta entre los preceptores, pero quería decirte que llegué a conocerte con esto de tus tps, y que me volvés loco, y que ni te imaginás todo lo que me gustaría que hiciéramos y cómo nos divertiríamos si aceptaras salir conmigo un día de estos.
-Jaja. Yo creí que sólo eras un traga, no sabía que fueras tan mandado. Mirá Luqui, no sos mi tipo y actualmente estoy saliendo con Gustavo, de quinto, ¿lo conocés? Pero bueno, en cuanto termine con él te aviso y hacemos algo, ¿te parece bien? Así que más te vale tener buenos planes, porque sino dejo de darte mis trabajos para que corrijas...

...y en este universo que nacimos:

-...¿Pero de qué hablás, Gus?

-¡Uff! Borrate de acá, traga.

domingo, 20 de mayo de 2012

La puntita del andén

Uno toma costumbres porque tenerlas a es más fácil que no tenerlas, ahorra pensar un poco. Yo tengo por costumbre esperar el tren siempre en la misma punta del andén, medio alejado de todo. El jueves, ahí mismo había un trío de vendedores ambulantes. Cuando llegué, dos de ellos retaban al tercero, que es un muchacho lerdo y con un pequeño retraso no fingido, porque se comía su propia mercadería. Mientras le hablaban, el bobo metió la mano en su mochilita destartalada, sacó tres confites, abrió uno para sí y les ofreció a ellos también. Aceptaron y empezaron a hablar de cómo habían aumentado los alfajores. Después empezaron a hablar de Tinelli, y el que vendía los alfajores, que era el mayor, les explicó que él se entretenía con los documentales. Llegó el tren y me fui con un poco más de fe en los vendedores ambulantes.
El viernes, al llegar a mi rinconcito del andén, había tres flacos con muy mala pinta. Con una baggio vacía se hicieron una tuquera y fumaban con nerviosismo, pasándose el cartón humeante de uno a otro. Una viejita llegó a mi lado y se los quedó mirando, la pobre vieja no entendía nada. Por suerte el viernes el tren no tardó nada en llegar.

sábado, 19 de mayo de 2012

Perchita de alambre

Durante todo el día
me acuerdo de una percha.
Una perchita amarilla, de alambre,
en la que cuelgo los problemas
al llegar a casa.
No sé cómo aguanta,
no sé cuándo se cansará
de sostener tantos problemas.
Pero mientras esté,
perchita amarilla,
a la noche los problemas
se quedan en el placard.